Foto de Gabriel Pérez

Omar Pérez Santiago, autor de Nefilim en Alhué, habla sobre el mito de Salvador Allende, los nuevos hipsters y la nueva corriente de la literatura de imaginación que ha resurgido en América. 

¿De qué trata la novela?
 
El presidente Salvador Allende despierta en el año 2013, después de 40 años de su muerte, a unas cuadras de La Moneda. Camina por una calle de Santiago y nada es lo que era. Lo último que recuerda Allende es el Palacio de La Moneda en el intenso momento de la ruptura chilena, la fractura sin horizonte del 11 de septiembre de 1973. Aviones de la fuerza área la habían bombardeado y los ladrillos eran humo, grietas y escombros. Pero, ahora se despierta lentamente con cortos y agudos flashes de memoria recobrada, de recuerdos residuales, como frente a un espejo. Ya no es 1973. Ahora es el año 2013. Y al caminar por Santiago, los jóvenes confunden a Salvador Allende con un viejito Hipster. Sus lentes gruesos, sus bigotes, sus trajes cuidados, símbolos de un Hipster, esa nueva generación que desea descubrir los símbolos de culturas pasadas y que son parásitos nostálgicos de cosas ya idas. El presidente Salvador Allende está de vuelta y asombra nuevamente a hombres y mujeres jóvenes. 

¿Por qué Allende? 
La Moneda arde. Esa imagen dio la vuelta al mundo y conmovió a toda una generación en el globo. Jóvenes de otras latitudes y países que salieron a la calle y lloraron. Allendistas que sufrieron, que fueron castigados. El amplio pueblo pobre allendista con sus barrios y poblaciones ocupadas militarmente. Y luego vinieron los libros, las películas, las obras de teatro, las pinturas. Las avenidas, calles, plazas, hospitales que llevan el nombre de Salvador Allende. ¡Qué enorme mito! Ahora que el presidente Allende -uno de los personajes públicos más importante de la moderna historia latinoamericana- camine de nuevo por las calles de Chile, es del todo plausible. Que un mito camine por la calles de Santiago no debería ser extraño, por lo menos en la literatura de imaginación. En ese sentido, como todas las celebridades y sus mitos, son un símbolo que no pertenece a nadie y nos pertenece a todos. 

¿El presidente Allende como ficción? 
Allende es parte de nuestro ADN. Imagine la conmoción cerebral que produjo en los jóvenes allendistas, ese día, el 11 de septiembre, de saber que el presidente había muerto. Un hecho que abrió un profundo pozo en nuestras calabazas. Y cada escritor construye su universo, su mundo imaginario, con el material que le tocó. Esta novela de imaginación sobre el doctor Allende es tambien una vuelta de tuerca al tema de la relación entre la vida y el arte, sobre la apariencia, la realidad y las simetrías. Es una recreación o un juego sobre los temas tan literarios como los espejos y el doble, una línea que abrió Hoffmann y una serie de grandes maestros, de los cuales yo soy un simple admirador, como Poe, Maupassant, James, Stevenson, Kafka, Woolf, Dick, Borges y Cortázar. El doctor Allende, del cual yo fui un módico partidario, es un mito gigante y él siempre tuvo muy claro que no hay, ni habrá, hombre célebre a quien no lo calumnie un poco su gloria. Por lo demás, el presidente Allende había nacido dentro del convencimiento muy moderno que el careo de ideas, de imágenes y de estéticas, dinamizan las sociedad, las hace más vivas, más integras. Esto es muy importante. El rol del arte es dinamizar, deconstruir estructuras, reformular mitos y tradiciones. El arte siempre ficciona los mitos y sus personajes, es la rica tradición. Con eso no quiero infringir los buenos modales.

¿A qué se le llama la literatura de la imaginación? 
Borges hablaba de “los caminos de la imaginación”, en la tradición onírica, mágica. Esta visión libertaria renace en América latina. El profesor peruano Elton Honores habla de la “narrativa de lo imposible”. El mexicano Alberto Chimal en México es un nombre de la literatura de imaginación. En Chile hay una tradición valiosa con María Luisa Bombal y su novela “La amortajada”, los cuentos de Alejandro Jodorowski o la novela “Patas de Perro” de Carlos Droguett. Ahora, hay dos jóvenes muy activos, en lo que yo llamo, la escuela de la soledad existencial o lo diabólico de la cultura popular, y que son Aldo Astete Cuadra en Chiloé y Pablo Espinoza Bardi de Arica. Mi libro de cuentos Nefilim en Alhué, también está en esa corriente. Esta avanzada va en una querella con las corrientes del realismo, -social, sucio o sicológico- o el registro mimético verosímil, que considera que un autor debe necesariamente reflejar su época.

¿Cuándo se presenta este novela al público? 
Muy pronto. Será presentada en la Feria internacional del libro de Santiago.

 
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