Por Patricio Igor Melillanca
05 de octubre de 2013 
publicado en radiodelmar

“Salvador Allende despertó de un sueño profundo y de sorda somnolencia. No sabía dónde estaba.

— ¿Qué me ha sucedido?, pregunta despertando. Nooooo. No soñaba”. Así comienza el libro “Allende, el retorno” de Omar Pérez Santiago (editado por Aura Latina y Cinosargo). El protagonista es el presidente de Chile entre 1970 y 1973, Salvador Allende Gossen. Ahora está vivo y es el año 2013. El presidente Allende despierta después de 40 años de su muerte, a unas cuadras de La Moneda. Camina por una calle de Santiago y nada es lo que era. Lo último que recuerda es el Palacio de presidencial en el intenso momento de la ruptura chilena, la fractura sin horizonte del 11 de septiembre de 1973. Aviones de la fuerza área la habían bombardeado y los ladrillos eran humo, grietas y escombros. Pero, ahora se despierta lentamente con cortos y agudos flashes de memoria.

Y al caminar por Santiago, los jóvenes confunden a Salvador Allende con un viejito Hipster. Sus lentes gruesos, sus bigotes, sus trajes cuidados son claros símbolos de un Hipster, esa nueva generación que desea representar los símbolos de identidades culturales pasadas. El presidente Salvador Allende está de vuelta y asombra nuevamente a hombres y a bellas mujeres jóvenes en el Santiago rápido, neoliberal y ganador.

 


- Omar, tu que eres de la generación que vivió el gobierno de Salvador Allende y que sufristes el Golpe de Estado y sus consecuencias ¿Por qué desenterrar a Allende ahora? 

- Esta novela es un ejercicio de admiración. El movimiento popular que él representó puso de manifiesto los océanos que se extendían por debajo de la superficie, tan sólida en apariencia. Un movimiento que hizo saltar en pedazos la dura loza y los duros peñascos. Las clases dominantes dijeron al mundo, al bombardear La Moneda, que todo volvía a ser sólido. La Moneda arde. Esa imagen dio la vuelta al mundo y conmovió a toda una generación en el globo. Jóvenes de otras latitudes y países salieron a la calle y lloraron. Allendistas que sufrieron, que fueron castigados. El amplio pueblo pobre con sus barrios y poblaciones ocupadas militarmente. Luego vinieron los libros, las películas, las obras de teatro, las pinturas, las avenidas, calles, plazas, hospitales que llevan el nombre de Salvador Allende. 40 años son muchos años en la vida de cualquiera. El tiempo ha pasado y ya es tiempo que Allende se restituya en lo que realmente es, una leyenda. Entonces yo pienso y siento que estamos frente a un enorme mito. Y las leyendas caminan por la calles. Que un mito camine por la calles de Santiago no debería ser extraño, por lo menos en la literatura de imaginación. En ese sentido, como todas las celebridades y sus mitos, son un símbolo que no pertenece a nadie y nos pertenece a todos.

- ¿Ha cambiado la visión sobre Allende en Chile?

- Mirar las cosas de la misma manera, es agotador. Veo a viejos políticos paralizados por el cálculo, no se dan cuenta que la imaginación de la gente va por otro carril. Veo a analistas políticos dogmáticos que repiten sus servicios sin recrear mucho. No se dan cuenta o no dicen algo que nos parecía muy elemental cuando éramos jóvenes, esto es, que el proyecto popular, era un proyecto modernista y juvenil. Allende era un moderno, pensaba moderno, vivía moderno. Pero a los políticos paralizados les gusta ver a Allende en el pasado, allí no hace daño. Les gusta verlo en una estatua donde hacen el ritual anual de ir a dejarle flores.

- ¿Tu idea de construir al presidente Allende como ficción, es para revalidar la modernidad ausente?

- Por supuesto, el presidente Allende había nacido dentro del convencimiento muy moderno que el careo de ideas, de imágenes y de estéticas, dinamizan las sociedad, las hace más vivas, más integras. Esto es muy importante. El rol del arte es dinamizar, deconstruir estructuras, reformular mitos y tradiciones. El arte siempre ficciona los mitos y sus personajes, es la rica tradición. Con eso no quiero infringir los buenos modales, ni epatar demasiado. Allende es parte de nuestro ADN.

Imaginate la conmoción cerebral que produjo en los jóvenes allendistas, ese día, el 11 de septiembre, de saber que el presidente había muerto. Un hecho que abrió un profundo pozo en nuestras calabazas. Y cada escritor construye su universo, su mundo imaginario, con el material que le tocó. Esta novela de imaginación sobre el doctor Allende es también una vuelta de tuerca al tema de la relación entre la vida y el arte, sobre la apariencia, la realidad y las simetrías. Es una sobrescritura o un juego sobre los temas tan literarios como los espejos y el doble, una línea que abrió Hoffmann y una serie de grandes maestros, de los cuales yo soy un simple admirador, o reescribo sobre autores como Poe, Maupassant, James, Stevenson, Kafka, Woolf, Dick, Borges y Cortázar. El doctor Allende, del cual yo fui un módico partidario, es un mito gigante y él siempre tuvo muy claro que no hay, ni habrá, hombre célebre a quien no lo calumnie un poco su gloria.

- ¿Qué propones con "literatura de la imaginación"? ¿Una nueva corriente literaria?

- Como dicen los viejos Mapuches ancestrales, 'no inventamos, no aprendemos, ni copiamos, solo recordamos, y prácticamente implementamos'. Parece arrogante, pero es nada más ni nada menos que la creatividad común en el tiempo, a largo plazo y en todas sus expansiones, aplicada al sentido común que siempre asombra. Entonces esto de 'literatura de imaginación' es una tradición literaria venerable. Borges hablaba de 'los caminos de la imaginación', en la tradición onírica, mágica. Esta visión libertaria de la literatura  renace hoy en América Latina. El profesor peruano Elton Honores habla de la 'narrativa de lo imposible'. El mexicano Alberto Chimal en México es un 'Nombre' de la literatura de imaginación. En Chile hay una tradición valiosa con María Luisa Bombal y su novela “La amortajada”, los cuentos de Alejandro Jodorowski o la novela “Patas de Perro” de Carlos Droguett. Ahora, hay dos jóvenes muy activos, en lo que yo llamo 'la escuela de la soledad existencial o lo diabólico de la cultura popular', y que son Aldo Astete Cuadra, en Chiloé, y Pablo Espinoza Bardi, de Arica. Y antes de esta novela, escribí el libro de cuentos Nefilim en Alhué, donde con mucho esfuerzo, asombro y humildad, comencé a reflexionar acerca de la 'literatura de la imaginación', que intento seguir desarrollando con este escrito sobre Allende en 2013.


 
  • 1
  • 2

Relatos sobre la muerte

Por: Omar Pérez Santiago

Presentación de “Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte” Mesón del Buen comer, Paseo Bulnes, Santiago, Chile. 22 de junio 2011 "Pulvis es et in pulverum reverteris.” (Génesis 3,19)  

Leer más

Midsommar

Por: Omar Pérez Santiago

Fotos: Claudia Pérez Gallardo Incurables románticos de la naturaleza, los nórdicos, amantes del amplio hábitat, de sus fiordos y de sus bosques, durante el midsommar, el solsticio de verano, el 21 de...

Leer más

La literatura sueca en el naciente siglo literario

Por: Sergio Badilla

La literatura sueca también tiene mucho que decir en el ámbito cultural. Durante varias décadas, nadie parecía interesado en escribir sobre la realidad urbana, social y étnica, derivada parcialmentedel sentido periférico...

Leer más

LA DESPEDIDA DE UN ERMITAÑO

Por: Sergio Badilla

Hayden Carruth, siempre fue un hombre polémico, ya en 1949, con sólo 28 años de edad, siendo aún un poeta y editor desconocido, defendió, a brazo partido, a Ezra Pound, considerado...

Leer más

Alhué es un pueblo de demonios

Por: Omar Pérez Santiago

    por Jorge Calvo, escritor.Aunque resulte difícil de creer muy pronto se cumplirán tres décadas desde aquella fría noche en que conocí a Omar Pérez Santiago en las espectrales estepas del...

Leer más