por Omar Pérez Santiago

Hace 17 años, el domingo 9 de marzo de 1986, el poeta Michael Strunge, 27 años, escribió su nombre en la puerta de su departamento del cuarto piso en la calle Webers en el barrio Østerbro de Copenhague y corrió por la ventana diciendo: “Miren, puedo volar” Algunos dicen que él estaba en una profunda sicosis y no sabía lo que hacía. Otros dicen que fue la puesta en escena de su auto referencia: él creía que podía volar. Fue enterrado con la sencillez protestante en el viejo cementerio Assistens de Copenhague, donde también descansan H. C. Anderssen, el escritor de cuentos infantiles y Sören Kierkegard, el filósofo existencialista. La lápida de Strunge es una piedra sobre la que se inscribe con letras de metal: Michael Strunge, Vapnats med vingar (Armado con alas). Sobre ella se colocó otro pedrusco más alto.

Strunge es hoy un mito. Muchos jóvenes llegan a su tumba y sobre ella dejan, de modo regular, monedas, coronas danesas, y figuras de corazones rojos.

Strunge era un escritor enérgico. Fuerte, pero a la vez frágil. Y productivo: en siete años escribió 11 libros, con los que produjo una revolución poética nórdica, junto a Pia Tafdrup, Søren Ulrik Thomsen, Bo Green Jensen, F.P.Jac. Strunge escribía sobre sí mismo. El poeta como visionario, un neo romántico, inspirado en el modernismo de Rimbaud y Baudelaire, y la música rock, en su variante punk: Sex Pistols, Iggy Pop y David Bowie. Sueños y visiones y la angustia de perder los sueños y las visiones. Se le llamó joven salvaje o poeta azul. Fue un fundador de la más nueva poesía danesa, una poesía sonora, llena de finesas sintácticas de la metáfora, la simbología y la mitografía.

Había nacido en el año 1958 y creció en un hogar de trabajadores en Hvidovre, con su hermano menor. Era un niño tranquilo, leía mucho. En la escuela era un buen alumno y muy despierto. En 1977 se mudó a vivir solo. Quería ser poeta y conquistar el mundo. Envió 200 poemas a la revista Hvedekorn de Poul Borum y le publicaron 13. Así adquirió confianza.

Ese mismo año debuta con su libro Livets hastighed, Velocidad de la vida.
Strunge se movía entre la alegría de vivir, soñar un mundo mejor y la profunda depresión de un mundo frío y solo. Ese año también es internado por primera vez en el siquiátrico. En 1981 escribe tres libros y por primera vez intenta suicidarse. Cinco años después es hospitalizado de nuevo. En una visita a casa se suicida.
Strunge ya era, en vida, un mito y un culto más allá de Dinamarca. La poesía de Strunge nos inundó tempranamente.

 

 
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