por Reinaldo Carreño Campos

Allende le tomó el rosto con las manos y le besó sus labios, rosa adorable. Besó en el momento oportuno. Imposible resistirse. Ella colocó las manos sobre los hombros que olían a humedad. Por un instante pareció que todo se movía en la habitacíon, parecían olas, raíces, navajas, dos astros que caen en el tiempo”.  

En aquel tiempo en que medio gobernaba el compañero Allende, no todo era miel sobre hojuelas. En esa Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, que hoy es la casa de los comandantes en jefe de Carabineros de Chile, quien sabe hasta cuando, no toda la gente de izquierda era muy estudiosa. 

Pero él era una excepción, estudiaba y hacía política. Yo le tenía, confianza y respeto, era una persona consecuente, lo que ya era bastante. Llegó el 11 de septiembre y muchas cosas pasaron. Con el tiempo él se fue al exilio externo a Suecia y luego a España. Yo recibí una beca obligatoria -que desde luego no pude rechazar- de exilio interno, diáspora en mi propio país. Ambos sufrimos segregación. Cada uno sobrevivió como pudo. Ambos amamos, procreamos, gozamos y sufrimos. 

Quizás por soledad más que por vocación, que no lo sé. Quizás por ese afán irrefrenable de decir algunas cosas con claridad de modo que algunos no se den cuenta, que tampoco lo sé. Lo cierto es que ambos nos hicimos escritores, un poco a medio tiempo digamos. Escritores de distinto cuño. Él más al comic y al cuento, yo más al ensayo y la poesía. Pero escritores al fin. Digo yo. Hijos de dos exilios distintos. 

Y he aquí que nos sorprende a todos en este Chile re - unido, mientras las alamedas intentan ensancharse, con esta audaz novelacuentohistorieta, de calidad y originalidad indudable, sobre el retorno del compañero Allende. Estupenda idea teológica sin duda. Como aquel otro señor, el compañero también venció a la muerte. Claro que todo esto en forma literaria, a no confundirse. 

Disfruté la lectura, la releí. Me sentí orgulloso de mi compañero de universidad. Aun tenemos patria ciudadanos. Con delicada maestría el libro nos va mostrando los principales hitos del compañero Allende: hijo de Valparaíso, fundador del Partido Socialista, sus hijas, orador nato, amante exquisito, burgués, líder, bronce eterno. 

Y además relata una historia propia, nueva, pujante, una novela dentro de una historia. 

Como en la novela de Dostoyevski nos preguntamos: ¿Qué diría o haría el compañero Salvador si de verdad volviera a nuestro país? 

Por lo mismo le dije le dije en la Primavera del Libro hace unos días: “Tienes que sacar muchos más Allende El Retorno, como la Marcela Paz con su Papelucho. Como Goscinny y Uderzo en Asterix y Obelix. 

Quiero que Allende viaje a Punta Arenas, que camine por Antofagasta, que navegue por Internet. Que tome Terremoto en La Piojera. Que expropie las cabritas de los cines. Que retorne el mar para los chilenos, ese que tanto defendió. Que saque tarjeta en La Polar. Que compre en Costanera Center. Que hable de nuevo en Radio Magallanes on-line. 

Quiero más Allende.

Nos hace falta.

Gracias Omar Pérez Santiago por habernos traído de vuelta al compañero presidente.

 

 

 

 

 

 
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